lunes, 7 de septiembre de 2026

Lancelot



24 de Enero de 2025: Feliz cumple chanchi. Sos lo mejor de la Argentina


24 de Enero de 2024: Feliz cumple Lan. Creo que no he amado a ningún otro ser con tanta convicción ininterrumpida en estos 11 años. 


24 de Enero de 2023: Lan no quiso salir de abajo de la cama cuando me fui, porque no le gusta que me vaya. Pero me dio un beso igual desde ahí cuando le dije que lo amo. Yo creo que sabe que despedirme de él es lo que más me duele de irme. Todas las veces. Lancelot nació siendo un viejo cascarrabias de alma, pero hoy cumple 10 años que en perro son como 70, así que por fin se está convirtiendo en lo que siempre quiso ser. Feliz cumple Enanín. Sos el mejor perro del mundo. 


24 de Enero de 2022: No tolero que Lancelot cumpla 9 años. Es lo que más extraño de Argentina, pero eso ya lo sabíamos desde antes de que me fuera.


24 de Enero de 2020: Hoy cumple 7 años.


24 de Enero de 2019: 6! Feliz cumpleaños.


2͏1 de Octubre de 2017: No entender el amor de un perro es fracasar mucho en la vida.


6 de Octubre de 2016: Adopté a un perro-muppet y jamás será infeliz.


24 de Enero de 2015: Dos años enteros haciendo del mundo un lugar más bello y ruidoso. Feliz Cumple Bombón.


9 de Junio de 2014: Si no te tuviera me reiría muchas menos veces por día…


24 de Enero de 2014: Feliz primer año Ratita.






Dice mamá que te estás yendo. Que lo más duro es verte apagarte de a poco, y pedir respuestas que ella no puede darte. Lo más duro para mí es que una vez más me toque despedirme en la distancia. 


Nacido el 24 de Enero del 2013. Con nosotras desde Marzo de ese mismo año. Trece años y medio de nuestras vidas con vos. Más de un tercio de mi vida, casi la mitad. 


Lan, Lancelot, Cucu, Chanchi, Chanchito. Perro Muppet. Ratita, bombón. Enano del mal. Mi bebé.


Cuando vos estabas llegando al mundo, para nosotras era un comienzo de año difícil. Acabábamos de despedirnos de la vida como la conocíamos. De nuestra familia, de nuestra casa, y con el corazón partido al medio, de nuestros perros. Los tres habían conocido únicamente una vida con un gran jardín, y no iban a poder adaptarse a la vida de departamento. Elegimos su bienestar por sobre el nuestro, pero mi mamá nunca se perdonó ese percibido abandono. Por lealtad tal vez, o como autoflagelo, ella no podía concebir adoptar otro perro. Pero la casa estaba vacía, llena de una calma y un silencio intolerables, de una ausencia cuadrúpeda omnipresente. Por ese tiempo vi al pasar por una vidriera a tres caniches bebés y me enamoré a primera vista. Decidí unilateralmente y le informé a mi mamá que iba a ir a buscar uno de esos, al único macho. Le dije que se iba a llamar ‘Lancelot’. Mamá dijo que no estaba lista para tener un nuevo perro. Yo le dije: “Mamá, vos y yo no podemos vivir sin perros. No sabemos vivir sin perros.” Cuando volví a buscarte ya no estabas. Pensé que te habían vendido, pero sólo estabas tomando unas vacaciones de fin de semana en una casa en la que te llenaste de pulgas (en total creo que eran tres, pero eras tan chiquito que tres pulgas eran más que suficientes para llenarte). Me prometieron que ibas a volver a mí, y volviste. En esas horas de espera tal vez mamá se dio cuenta de que sí te deseaba. Te fui a buscar con un amigo, porque eras tan pequeño y tan caro que tenía miedo de que te robaran de camino a casa. Te llevamos protegido como un tesoro, porque lo eras. Porque lo sos. Cuando mamá te vio no hubo lugar para la indiferencia: le derretiste el corazón, y así, derretido, pudo empezar a sanar. 


Mi idea era educarte para comer comida de perro y hacer pis afuera y obedecer comandos. Mamá se encargó de que desaprendieras cada buen hábito para reemplazarlo por malcrianza pura. Mi idea era que durmieras conmigo, pero mamá te robó para que durmieras con ella. Cuando cinco años más tarde decidí irme a vivir con una amiga, mamá me dijo: “Vos te vas, pero el perro se queda”. Y te quedaste.


Es difícil resumir trece años y medio en un solo relato. Una vida. Varias vidas. En tu tiempo junto a mi mamá vieron ir y venir parejas, de ella y mías. Ir y venir amistades, familiares, visitas. Tu protocolo fue siempre ladrarles cuando llegaban por invadir tu hogar, y ladrarles cuando se iban por ser miembros de tu manada. Es tanta la gente que te ha amado que hay personas a las que ya no les hablamos que se van a lamentar por tu partida. 


En tu tiempo con mi mamá vieron ir y venir perros. Naciste para hijo único pero no siempre pudiste serlo. A los pocos meses de llegar vos, llegó Simón, y tuviste que aprender a convivir con él y a compartir a mi tía, que era suya. Por esa época te pinchaste el ojo y no lo perdiste de casualidad, pero así, con cono de la vergüenza y un poco más ciego, aprendiste a querer a otro perro. Para cuando tuviste que reaprender a vivir sin Monchi, un poco lo extrañabas. Tu nuevo monopolio de amor duró algunos años, hasta que tuviste que resignarte a la presencia de Tarugo, Tiziano, Coco, Loki, y a veces a la de Nina. Todos ellos, a cambio, tuvieron que resignarse a tu rol incuestionable de pequeño tirano emperador. 


En tu tiempo con mi mamá me vieron ir y venir a mí. Y todas las veces que volví, me recibiste sin rastro alguno del rencor que te caracteriza en lo cotidiano, y todas las veces que me fui, despedirme de vos fue lo más difícil. He lidiado desde muy chica con las visitas periódicas de la Muerte, y eso me permitió naturalizarla, desdramatizarla, aceptarla al verla llegar e irse. Pero despedirme de vos siempre fue lo más difícil, Enano. Nunca no me parte al medio. 


Decimos que sos malvado, pero es difícil encontrar fotos en las que no estés upa de alguien, pegado a alguien, compartiendo amor. Decimos que naciste para hijo único, pero no se nos escapa que la vida se te hizo demasiado sin Taru. No te culpo, Lan, a todos se nos hace un poco más pesado sin el perro más dulce del mundo. Decimos que estás viejito, pero conmigo y sólo conmigo jamás dejaste de jugar como un cachorro. Decimos que sos de mamá y mío, pero encontraste en su pareja y sus hijos a tu nueva familia, y a nuevos súbditos de tu imperio. Has reinado implacablemente por tanto tiempo, Chanchi, es entendible que estés cansado y quieras ir a dormir. Siempre fuiste tan claro al querer irte a dormir, y al exigir que fuéramos con vos. Perdón por no poder acompañarte esta vez, Enano, ya nos veremos más tarde. 


Amor de mi vida. De nuestras vidas. Chanchito sanador. Mamá y yo no sabemos vivir sin perros, pero menos sabemos vivir sin vos. Mamá dice que son trece años de vivir juntos, viajar juntos, dormir juntos. Es tan pequeño tu ser y va a ser tan enorme tu ausencia. Qué poético que quieras irte al mismo tiempo que Messi se retira de la Selección. Dejarnos a nosotros con el insoportable laburo de aprender a vivir sin esos enanos enormes que marcaron una era entera de nuestras vidas. Le dejás a tu hermanito más denso la inconmensurable tarea de ser alegría del hogar en un hogar roto de pena. Supongo que si alguien puede con ese rol, es nuestro Coco. 


Escribo habiendo llorado cinco horas en continuado, buscando fotos de vos. Viendo el registro de tu vida y de lo que hiciste por las nuestras, e intento calmarme porque ahora tengo una entrevista de trabajo, y el mundo capitalista no quiere frenar sólo por un simple perro. No hay muchas cosas que hayan importado tanto en nuestras vidas como este perro. No alcanzan las palabras ni las fotos. Yo quisiera poder parar el reloj y dedicarme por completo a sentir esta angustia que es tan enorme como el amor que te tengo. Si todavía hay algo de mí que llega hasta vos, sabé que te amo, Enano. Que siempre te voy a amar. Gracias por cuidar a mi mamá y a su manada por todos estos años. Y gracias, Ma, por no haberlo dejado conocer nada más que la malcrianza más pura en toda su vida. Si hubiera sabido que trece años de malcrianza podían pasarse tan rápido, tal vez te lo habría reprochado menos.